domingo, 12 de abril de 2020

La chica de la biblioteca (1)

No pensé que fuera a pasar. No me puedo creer que mi sueños llegaran a cumplirse.
Había escuchado historias de princesas, de esas que viven en mundos imaginarios, de fantasía y animales que bailan. Pero para mí, una princesa es una persona real, con una sonrisa mágica, porque nuestro mundo no está separado de la ilusión.

Y resulta que conocí una princesa de esas que son sencillas, pero te embrujan con su mirada. En mis sueños nunca había estado tan bien definida como la estaba viendo en ese momento, en aquella mesa de la biblioteca. Aquel día mi vida cambió. Desaparecieron los miedo, y me armé de la valentía que los protagonistas de las historias tienen, y quise sentarme a su lado. Vale que no ocurrió el primer día de biblioteca, no os vayáis a pensar. Soy valiente, pero no he perdido mi vergüenza.

Después de sentarme con ella, lo difícil había pasado. En realidad... hablar teníamos que hablar poco, porque ya me diréis que hace falta hablar en una biblioteca. Pero estar allí sentado me sirvió para en descubrir que un sueño estaba tomando forma allí mismo: una princesa que amaba lo que estudiaba y lo que hacía. Lo supe por los colores con los que dibujaba sus apuntes.
Poco podía hacer. Y sin embargo, allí estaba, dedicándome su mejor sonrisa. Me perdía en el mar de sus ojos.

- Perdona, ¿me puedes dejar el cargador del móvil?- me dijo ella. Por su cara, debía habérmelo dicho dos o tres veces, pero no me había enterado. Sentí el calor en mi cara, y ella también lo sintió, porque se sonrió divertida. No podía ser más perfecta.

Pasaban las horas, y ella y los demás estudiantes, pasaban las hojas. Y yo, lo único que pasé fue vergüenza. ¿Me estaba enamorando? Se acercaba la hora de cerrar la biblioteca, y nos dieron el aviso de irnos. La chica me pasó una nota en un post-it, "He visto tu libro, ¿estudias para enseñar? Si vuelves mañana, ¿me prestas el libro un momento?" La miré. Me estaba sonriendo, con la mirada más dulce que me he encontrado nunca. Yo le dije que si con la cabeza, y antes de que pudiera abrir la boca, me contestó: "Te guardo el sitio".

Se estaba alejando, y no pude evitar ver como se marchaba, escaleras abajo. Cada escalón que bajaba, su melena se agitaba para pegarse de nuevo a la espalda. Mis ojos se escapaban, y miraron más abajo. Definitivamente, era perfecta, y yo me había pillado en tan solo unas horas.

Cuando me fui a guardar la nota en la página que debería haberme leído, vi que por la parte de atrás, estaba su teléfono.

domingo, 29 de marzo de 2020

Feliz cumpleaños, amor


Esta pretende ser una felicitación que viene del futuro, pero a la vez del pasado.

Este loquillo que anda suelto, se mece entre los recuerdos de las cosas que hemos vivido, y los sueños de las que están por llegar. Porque otra cosa no, pero excusas para querer estar contigo, encuentro mil; ya sea mirando hacia atrás, como hacia adelante.

Pero es que no es solo lo que veo de lo que llevamos lo que me hace enamorarme de ti. ¡Vaya lío sería! Porque al principio, no teníamos prácticamente nada. Pero es que hay mas cosas, que me hacen sentir enamorado, y por lo que te elijo cada día.

Y es que hoy es el día perfecto para recordarte por qué me gustas tanto, y lo voy a hacer, como si respondiera a la pregunta que en algún momento nos han hecho… “¿Por qué María?”

Pues es que he descubierto en ti, la compañera ideal. Una persona buena, risueña, divertida, ¡además de ser increíblemente guapa! Pero es que no solo tus ojitos me vuelven loco. También tu afán por dar lo mejor de ti. Por hacer bien las cosas; por defender la justicia. No sé. Quizá me esté quedando corto para contar las cosas que me gustan de ti, pero también es verdad que no puedo preparar esto con mucho tiempo.

Amor, te lo he dicho muchas veces, y me quedan muchas por decírtelo… me encantas. Haces que esto sea especial. Todo, absolutamente todo, cobra sentido contigo, y me siento feliz. Y eso… eso es un regalo.

Vaya, que contradicción. Que el día de tu cumpleaños, en lugar de tener tú un regalo, el regalo lo tenga yo contigo, por la tremenda suerte que tengo. Me hubiera gustado poder abrazarte hoy, achucharte, besarte, y darte esto por escrito.
Pero la situación nos tiene así, en un limbo de incertidumbre y días largos. Pero como decía, es una felicitación a pasado y futuro. Pasado, porque (espero) nos sirva para recordar todo lo que en estos últimos 365 días hemos vivido juntos, y a futuro, porque ya te achucharé y de abrazaré y te besaré en cuanto nos den permiso. Y también algún regalito. Aunque haya que comedirse un poco más que el año pasado, jejeje.

Quiero terminar esta felicitación especial, nombrando dos cosas que me has regalado, y que creo que pueden marcar cosas importantes del futuro, como son las canciones de Dani Martín, que nos esperará en Valencia, y el poema de Mario Benedetti: no te rindas. Parafraseando a este gran poeta, y porque aunque estos días estén siendo duros… 


     Viviremos la vida y aceptaremos este reto,
     recuperaremos la risa, ensayaremos el canto,
     no bajaremos la guardia, pero si extenderemos nuestras manos,
     desplegaremos las alas e intentaremos de nuevo,
     celebrar la vida y retomar los cielos.

          Aun hay vida en NUESTROS sueños.